POESIAS
SIMPLEMENTE MI HIJO
Veo tu pequeño
cuerpo envuelto en la sabana traslucida y azul del mar, olas que se arrojan
sobre ti, mojando tu piel con besos marinos que se escapan del agua, queriendo
besar tu piel suave e infantil, piel desprovista de maldad y en tus oídos ,tus
profundos oídos, oír el soplo del viento entrecortado, con fuerza de huracán
aventurero y lejano, que procede de países lejanos donde la fascinación va
cogida de la mano de las libres y claras mentes infantiles.
.

Veo las olas empujarte.
¡Qué poco peso para una marejada tan
fuerte! La disciplina del agua, en calma o agitación, endulza tu graciosa y
pequeña figura.
Por las
noches, cuando te veo dormido en tu cama, me imagino que sigilosamente entro en
tus sueños y participo de tus aventuras de caballeros, hadas y brujas,
transitando por un territorio encantado.
A veces me
pregunto si ese verdor brillante de tus ojos son herencia mía o de otra persona
y si cuando veo tu carita graciosa, llenarse de la fiesta alborotada de tus
gestos, creo que perteneces a un pasado de mi vida que yo abandone sin querer con el transcurrir
imbatible del tiempo, que ahora reencuentro reencarnada en tu persona.
Otras veces me
pregunto cómo puedes correr tanto sin cansarte y cuando acabara esa energía
inagotable que te envuelve, con tus pequeñas piernecitas doblándose
continuamente, como una cortina desplegada al viento.


lDías que
transcurren en tu compañía, a veces tranquilos, a veces de constante alborotos,
causan infinidad de alegrías en mi herida hace tiempo ya abierta por la madurez.
¡Qué
desgracia! he vuelto a perderme en los embates de la noche y al despertar no
pude ver la salida del sol.

Me tendré que
conformar con ese baño de plata, esa luna lunera que cuenta cuentos a los niños
cuando llega la noche y se difumina cuando llega la mañana. Ese intervalo de
tiempo y silencio que se apodera de las calles, siempre imprevista, siguiendo
el rumbo de las esquinas acompañadas del viento, agitado compañero que escala
cornisas y .rincones sin dejar rastro de su paso.

La oscuridad
se rendirá flameando una bandera púrpura y blanca y se retiran para siempre las
tinieblas al ver esa sonrisa sin tapujos, ese coro de pájaros recitando poesía
al amanecer.



La flor más admirada
del jardín cuya belleza se transmite
nada más verla, pero que solo será alcanzable para las almas más afortunadas, aquellas
que transitan por sus parajes, no conoce fin ni límite de existencia porque es
infinita, como los días felices que nos deparará
el futuro que aguarda en su tenaz escondite, más allá de las colinas que se
divisan en el horizonte...
Ignacio Pérez Jimenez
(PRONTO NUEVA ENTREGA DE DIARIO DE UNA ADOLESCENTE)